1. Un boleto de ida

Lucia,

Su envío se confirma para el 12/05 en Nápoles, en Italia. Su vuelo está planeado  para salir de su país el 10/05 Viernes (voy a enviar la información del billete de avión de mañana). Cuando esté en Italia tendrá un agente esperando. Luego podrá subir al barco. Necesito urgentemente que me envíe los exámenes médicos escaneados que se describen abajo

Voy enviar su contrato lo más breve.

Atenciosamente,

Silveira Testi

– No, no, no, no, ¡Diego! – grité muerta de la emocion- Diego, estoy que me caigo de orto. Diego, ¡no! Vení por favor

Diego me miró con su siempre impasible cara. Yo lo llamaba a los gritos aunque estábamos sentados a centímetros de distancia, cada uno con su computadora.

– ¿Qué te pasa Lu? Dejá de gritar un poco, estoy acá al lado tuyo. ¿Por qué estás llorando?

– Diego me llegó un mail de Obala… Quieren que me vaya a Napoles la semana que viene – le respondí en un susurro-

-¿Obala la empresa de cruceros? -preguntó arqueando una ceja-

La cara de Diego mostró por fin una mueca de sorpresa. Eramos amigos desde que yo había ingresado a la Universidad, y últimamente, estábamos más cercanos que nunca. Hacíamos todo juntos, estudiábamos, salíamos, charlábamos e incluso se quedaba a dormir en mi casa por lo menos dos veces en la semana. Yo estaba siempre acelerada, él era demasiado tranquilo. Él calmaba mis nervios de desquiciada y yo le revolucionaba un poco esa vida tan calma. Él me necesitaba tanto como yo a él. Quizás por eso eramos tan buenos amigos.

Obala era una empresa de cruceros que había hecho un convenio de trabajo con mi Facultad. Hacía un año había quedado seleccionada para trabajar allí. Era la primera vez que me mandaban un email para embarcarme en una nave.dieguiten y yo

-¿Qué vas a hacer?- dijo Diego interrumpiendo mis pensamientos-

– No puedo ir. Ya dije que no iba a ir –le respondí con determinación- Es una mierda. Te explotan. Trabajás todos los días sin franco, sin dormir. Por ocho meses. No voy a aguantar.

Habíamos quedado 40 personas seleccionadas. De los 20 que ya habían subido, renunciaron la mitad. ¡Y varios a solo semanas de estar en el barco! Me aterraba la idea de perderlo todo.  A uno de mis compañeros,  Rodrigo, le enviaron un mail con la fecha de embarque. Él dejó la facultad, renunció al trabajo, terminó el contrato de alquiler, cortó con la novia, y el día que se estaba yendo, le dijeron que lo iban a reprogramar. No volvió a escuchar de ellos.

– Y hay que tener cuidado –concluyó Diego- Yo se que es riesgoso. Pero no respondas todavía, pensalo un poco. Ellos te pagan los pasajes … ¡a Italia! ¿Cuando vas a poder irte vos con tu plata a Europa?

– Imagínate que ni siquiera me alcanza la guita para comprar otra cosa que no sean estos fideítos que nos estamos comiendo -contesté yo- El queso rallado es un lujo. Básicamente hasta que me reciba voy a seguir siendo pobre, si eso responde tu pregunta

– ¡Y bueno! Entonces andá, de última renunciás a la semana, pero por lo menos conocés Nápoles…

– Es que yo soy una persona muy ingenua, muy idealista. Y estos de Obala son impresentables. Yo me voy a cagar a trompadas con todo el mundo, me conozco. Además es una multinacional. Tengo un conflicto ético con irme, ¿me entendés?.

– Bueno gorda, pero no todos los que fueron la están pasando mal… Hay muchos a los que les quedó gustando. Además tu viejo te pagó los cursos, las capacitaciones, los viajes a Buenos Aires, ¿Cuánta plata le hiciste gastar ya?

– Ni me hagas acordar – respondí yo- 6 lucas se gastó.

– Y si decís que sí a Obala, te pagan los pasajes… y la estadía… No seas pava, por lo menos pensalo –intentó convencerme Diego

– Son muchas cosas, gordo. Es el departamento, la facultad ¡Tengo una semana para decidir si me quiero tomar el palo ocho meses! Yo también tengo una vida, amigos, familia…

Diego resopló y giró su cabeza para clavarme la mirada. Bajó sus anteojos a la altura de su nariz y yo sabía el gesto que estaba por hacer. Lo hacía siempre que yo decía algo estúpido.

– Really? I mean really? –bromeó el socarronamente. No pude evitar largar la carcajada- ¿De qué vida hablás? Si te la pasás llorando por ese pelotudo de La Plata… Que te escribe cuando está borracho nomás. Estás cursando dos materias pedorras. Te peleaste con la Peque. Tu vida está bastante lejos de ser genial.

– Buena gordo feo, como si lo tuyo fuera la alegría del vivir!  – le reproché- Ya ni salís de joda, ya no tenemos nuestro grupo de amigos tan unido. Te la pasás comiendo fideos con salsa de pollo acá, fracasado

– ¡Y es lo único que sabés cocinar así que otra no me queda! –se rió Diego- Yo sé que este momento de mi vida es un embole. Pero la diferencia es que yo lo admito, y vos no. Y si yo tuviera un pasaje a Europa, estaría en ese avión en seguida. No dando vueltas como vos, fracasada.

Acompañé a Diego a tomarse el colectivo algunas horas después. Esa noche me costó trabajo dormir. Viajar siempre fue mi pasión. Viví un año de intercambio en Estados Unidos y sobreviví. Elegí estudiar turismo después del secundario. Si decidía irme, con un poco de suerte, podría llegar a visitar a algunos amigos en Europa. No podía salir tan mal.

Italia… siempre quise ir a Italia. Desde que mi mamá se fue de vacaciones y yo era apenas una nena. Recuerdo que me trajo de regalo un sello, postales y muchas, muchas fotos. Mi mamá, fanática del arte, me contaba fascinada sobre aquel maravilloso país, y yo la escuchaba con devoción. Los museos, los hombres, el idioma. Doce años después, las materias de arte fueron mis preferidas de mi carrera, cuando decidí estudiar turismo.

Italia gritaba mi nombre. Lo gritaba fuerte. Yo me imaginaba los edificios viejos, con la ropa tendida en los cordeles, como en las películas. Me imaginaba andando en una moto Vespa, con un italiano gritón, esquivando los autos en esas callecitas mágicas. Me imaginaba cantando en el subte, juntando monedas. Luego me descubriría un productor y me convertiría en una famosa actriz.

napoli ropa

La gente aplaudía en un teatro lleno de gente. Yo cantaba a los gritos en perfecto italiano, vistiendo un hermoso vestido rojo. Nunca había sido tan feliz. Después de la función, extraños me saludaban y felicitaban por los pasillos. Me esperaba un gigantesco ramo de rosas en mi camerín. Me saqué los tacos y me tiré a descansar.

vespa

Me despertó de un salto la molesta alarma de mi celular. Muerta de sueño, me las arregle para prepararme un café. Tenía un mensaje nuevo de Diego:

No te olvides del TP de matemática!  Hoy es el último día para entregarlo.

Buenos días rutina.

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