5. Ti amo, Napoli

May I have your attention, please. You may now unfasten your seatbelts. It’s 9:15 and it’s a warm spring night in Naples. The pilot and staff wish you had a great flight. Thank you for choosing Lufthansa Airlines. We look forward seeing you again. 

Finalmente habíamos aterrizado en Nápoles y la azafata repetía el mensaje en 5 idiomas. Tomé mi mochila y mi cuaderno, y corrí por la manga telescópica para agarrar lo más rápido posible mi valija. La pareja de italianos cantarinos caminaba sin prisa y me miraban extrañados. Los bolsos estaban demorando una eternidad y me moría de ganas de ir al baño después de 10 horas volando. Muerta antes que sencilla. Fui, me peiné y me maquillé a velocidad record, tapándome las ojeras con una tonelada de rubor.

Después de 15 minutos de espera, llegó mi equipaje. Un señor me esperaba con un cartel que decía:

Lucia Canale
Obala Cruceros

Me sentí importante al ver mi nombre en ese cartel. El hombre que estaba parado en frente era el estereotipo del típico italiano dueño de una casa de pizza. Petiso con ganas, narigón, y regordete.  Tenía una cara de buen tipo que daban ganas de darle un abrazo. Vestía una camisa blanca sin una arruga y un rosario gigante le colgaba del cuello.

Salve, ¡sono Giovanni! Encantati – me dijo con efusividad mientras apretaba enérgicamente mi mano- Siamo andati? Il coche sta aspetando fuora. Per favore, io carrio  il equipage.

Agarró mi equipaje con determinación y empezó a caminar. No lograba entender una sola palabra de lo que me decía.  Pero me hacía señas con la mano para que lo acompañe, y lo seguí. Giovanni hablaba solo, y parecía tener un entusiasmo atípico para un chofer que tiene que trabajar un sábado a la noche.

Hacía calor y no corría ni una brisa. La humedad mediterránea era tan hermosa como me la había imaginado, tan diferente del frío y el viento neuquino.

Abrió la puerta trasera del auto, y emprendimos el viaje hasta el hotel. No me alcanzaban los ojos para mirar todo lo que había a mi alrededor. ¿Hacia dónde podría estar Pompeya y Herculano? ¿El puerto, el volcán Vesubio? ¿Por dónde estaban las alcantarillas romanas, aquí se habría inventado la pizza napolitana? Mi panza gruñó ruidosamente . Estaba muerta de hambre.

Ha fome? – preguntó Giovanni-

-Disculpame, no hablo italiano – le respondí con un bostezo

Oh, excusi! Podemos hablar español. ¿Tienes hambre, no?  Non ti preocupare. En el hotel te están esperando con la cena. Se come molto bien.

Observé que del espejo retrovisor colgaba un cordel rojo con una estampita del Papa Francisco. Ahora se explicaba porque Giovanni estaba tan ansioso por poder viajar con una argentina.  Año 2013. Hacía sólo una semana, el Padre Bergoglio había asumido como sumo pontífice, y mi chofer estaba absolutamente fascinado.

– ¡Un papa latinoamericano! ¡Una cosa di non credere!  – exclamó con efusión- Cuéntame, ¿cómo se vive en tu paise este acontecimiento?

-Eeeh – titubée. La pregunta me había tomado por sorpresa. Resolví ser honesta-  A mi Bergoglio me parece un hipócrita terrible. En Argentina la iglesia es muy conservadora, mataron gente en las dictaduras y desaparecieron bebés, además de que odian a los gays y están en contra del aborto.  Pero la gente en general está contenta. Mi mamá lo ama.

-¡No puedes estar hablando en serio! – contestó él horrorizado – ¿Lo has escuchado hablar? Habla de que hay que distribuir la riqueza, de que no pueden existir pobres en un mundo tan rico. Mira hacia tu derecha.

Frenamos en el semáforo y vimos una familia de cinco personas durmiendo en dos colchones. La imagen se repetía varios metros hacia adelante. Toda  la cuadra estaba atestada  de personas que tenían sus pertenencias en cajas de cartón, comiendo restos de comida que compartían entre todos. Un escalofrío de impotencia me corrió por la espalda.

-Tu debes estar acostumbrada a ver esto en Argentina. – dijo Giovanni mientras los miraba con tristeza- Pero hasta el 2009, Napoli non era cosi. Todas estas personas son trabajadores que se quedaron sin casa y sin trabajo por la crisis. No pueden estar en ningun otro lugar público porque los echan.  Están todos aquí porque aquí está la catedral y nosotros no tenemos problema en pelearnos con la policía. I poliziotti sono stronzi e violenti

-Eso es horrible…

-Cristo es el único que va a salvarnos. Aquí en Italia la gente está triste, y tiene mucha fe  puesta en Franciso.  Fidati di me, él va a molestar a los poderosos y va a  revolucionar el mundo – me confirmó convencido-

Es increíble cómo la gente encuentra la llama de la esperanza en cualquier fueguito. Yo entendía a Giovanni, y en algún momento quizás también pensé como él. Pero tengo sentimientos encontrados con la caridad. La caridad es verticalista y sigue legitimando la desigualdad. Es literalmente, pan para hoy y hambre para mañana. No digo que esté mal, pero ¿porqué nadie cuestiona el sistema que en primer lugar dejó a tanta gente en la pobreza y la miseria? Siempre creí que hay que atacar las causas políticas de los problemas, y no solo tapar los baches que esto deja. Pero ¿qué podía decirle? La realidad es una mierda, y a veces hay que elegir creer.

Algunos minutos más tarde, llegamos al hotel. Giovanni tenía razón: la comida fue exquisita. La cena de era de cinco pasos, y el chef me invitó un cabernet sauvignon de una bodega local.  

Subí a la habitación con mi segunda copa de vino en mano. Por la ventana vi pasar un grupo chicos a los gritos visiblemente borrachos. Que desgraciados… Sentí un poco de envidia por tener que quedarme durmiendo. Me acosté con la ilusión de que en algún futuro no muy lejano, yo también estaría cantando borracha por las calles napolitanas.

napoles

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